La memoria es como un parto en reversa
Trabaja hacia la claridad uterina
Vuelve al código de la entraña
Como un pez extraviado en la orilla
que cojea hacia el mar
14/05/09
17/01/09
Mozartiana...
Mozart en la radio puede ser la lluvia apenas
contra el cristal del parabrisas
cuando la madrugada cóncava
nos ovaciona en la autopista con ráfagas de viento
donde arden, vaporosos, los neones.
Y mientras me duele la orfandad
del exento palacio de violines
miro de pronto tu muslo recostado
sobre la felpa de este asiento de automóvil
(ese muslo forrado por el jean
cuidadosamente ceñido en la entrepierna)
como un trozo de música inocente,
más armónico que el aire entre las cuerdas.
Armando Rojas Guardia
de Patria y otros poemas
contra el cristal del parabrisas
cuando la madrugada cóncava
nos ovaciona en la autopista con ráfagas de viento
donde arden, vaporosos, los neones.
Y mientras me duele la orfandad
del exento palacio de violines
miro de pronto tu muslo recostado
sobre la felpa de este asiento de automóvil
(ese muslo forrado por el jean
cuidadosamente ceñido en la entrepierna)
como un trozo de música inocente,
más armónico que el aire entre las cuerdas.
Armando Rojas Guardia
de Patria y otros poemas
16/01/09
Joroba
Has vuelto voz
y dolor
en las preguntas
¿Por qué he de doblarme?
Porque sé
que he de doblarme
¿Por quién
he de doblarme?
Porque sé
que he
de doblarme
Soy tinta rezando fuga papel en negro hincado en rojo
Soy zigzagueo sobre la espalda:
el blanco doblado hasta el negro
el negro doblado hasta el blanco
Joroba tablas
y dolor
en las preguntas
¿Por qué he de doblarme?
Porque sé
que he de doblarme
¿Por quién
he de doblarme?
Porque sé
que he
de doblarme
Soy tinta rezando fuga papel en negro hincado en rojo
Soy zigzagueo sobre la espalda:
el blanco doblado hasta el negro
el negro doblado hasta el blanco
Joroba tablas
8/01/09
30/12/08
Más víbora que cédula
Amar un alma en el cuerpo equivocado Alguien estorba
El cuerpo parece bien dispuesto
hasta que algo lo secuestra
lo desautoriza Es ella torcida y flagelación
No hay fuga posible si te quedas duele si te vas duele
Te acompaña herida en la cicatriz
Detestarla y sacarla a pasear –desmesura- El párroco no consuela
el psiquiatra tampoco Caminan los pies ajenos el fascismo de la luz
Misericordia de la palabra en la palabra
Soledad la gran amiga No se espanta de las teclas
de los versos en los dedos No distingue sensatos de psicópatas
vírgenes de culebras
Y soy más víbora que cédula
Ya no quiero ruedas ya no quiero alas
Estos malditos pies ¿Dónde está el viento que no los mueve?
-¿Has olvidado?
la Tierra de tu raza
no tiene pies
El cuerpo parece bien dispuesto
hasta que algo lo secuestra
lo desautoriza Es ella torcida y flagelación
No hay fuga posible si te quedas duele si te vas duele
Te acompaña herida en la cicatriz
Detestarla y sacarla a pasear –desmesura- El párroco no consuela
el psiquiatra tampoco Caminan los pies ajenos el fascismo de la luz
Misericordia de la palabra en la palabra
Soledad la gran amiga No se espanta de las teclas
de los versos en los dedos No distingue sensatos de psicópatas
vírgenes de culebras
Y soy más víbora que cédula
Ya no quiero ruedas ya no quiero alas
Estos malditos pies ¿Dónde está el viento que no los mueve?
-¿Has olvidado?
la Tierra de tu raza
no tiene pies
24/12/08
1/12/08
J.M. Coetzee
"... Yo quería hacerlo: ¿es eso verdad? Sí. No. Sí-no. La palabra existe pero nunca la han permitido en los diccionarios. Sí-no: todas las mujeres sabemos lo que quiere decir, del mismo modo que los hombres no la entienden. "¿Va a hacerlo?", me preguntaba..., con sus ojos masculinos brillando. Sí-no, tendría que haberle contestado..."
La Edad de Hierro
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