13/6/14

Encarnación

Yo soy Encarnación -la de cabelleras Erinias-

I

detesto al peine y a mi madre
conspiran contra los nudos
no advierten la diversión
de dejarse enredar por las manos del viento
son las nuevas modas de señorita, me dice, en su gesto fallido
por plancharme el monte
con perfume fuereño
con nariz respingá

una peluca de musiua
calentándome la calva
sobre ésta
un epitafio:
por cada pelo caído
otro
por barrer con palo de guayacán y yerbas de Tisífone



II

ojos de pejesapo

en el aullido del tren
en el cadáver de la fruta sobre la silla de ruedas
en la infancia trastocada por un Sol subterráneo

cuánto polvo de picapica en la memoria

y aunque la maestra no nos haya dictado estos versos
todas terminamos escribiéndolos



III


Encarnación redime el horizonte
de pájaros que no alcanzo
y tiburones que no dejan regresar los pies
hacia la propia orilla

5/5/14

teatro

nada soy de los personajes exactos, como nadie es un traje exacto del centímetro, pero me identifico menos con Encarnación. Más allá de que ésta se dedique a las labores del hogar, a la crianza de los hijos y a apoyar a su marido en la lucha de clases laboral, el temperamento desprendido, sencillo y seguro de Encarnación en nada se parece al recorrido frustrado de mi sangre. Tampoco me identifico con la tullida ya que la mudez de sus pies no corresponde al verbo de esos pasos que la llevaron a un enfrentamiento fatal y materialmente desnivelado: pólvora sobre palabras.
Con el único que encuentro un parecido intenso, a pesar de disfrazarme de lo contrario, es con el de la maestra; no por lo pedagócico, sino por vivir en el temor de no romper la regla y de respirar un poco menos para permitir a los directores asfixiarme un poco más. Sin embargo, a diferencia de su hermana, la tullida, la maestra, tal vez a su pesar, conservó la vida hasta el final de la obra.

Y cómo me cuesta aceptar que lo más importante de esta oportunidad, son los Elementos;
con su gramática de verbos, incluido "descansar"
donde tomar agua y salitre es un oasis del paso
para seguir recorriendo rostros elementales
de un giro indetenible.

En un mundo de sordos con lenguas largas y espejos rotos
es difícil encontrar algo más que cuchillos con dientes de perro
regados por el suelo
¿Recoger y sembrar los vidrios, como aquélla, la tullida, para una primavera de copas?
¿Dejar de beber en totuma?
Aunque no sé por qué teníamos que beber en otro vaso 
si en ella bastaba 
para colgar 
la sed

de no haber tenido ensayo me hubiera quedado en casa,
por suerte tuve
y se convirtió en una voz resuelta
a decir los sentidos

30/4/14

y se hizo carne

consigo mismo
más allá de la masturbación  ese verbo triturado
hasta perder la voz

14/4/14

lo que quería era sólo eso, carajito mío, embriaguez de poeta
más que palabras, música a los ojos, brazos que se extienden en un gesto que escribe, ven.
La comprensión no puede sola con la mirada huraña del padre.

Estamos como en tallas equivocadas, en zapatos que nos descalzan. 
La comprensión no basta a la sed. Ésta necesita agua de inocencia y sabiduría
desde un mismo salto 
donde la montaña y el mar
se tomen de las manos

6/4/14

orando con Paz

"cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizás morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos."

Octavio Paz, "Elegía interrumpida"
(Calamidades y milagros, 1937-1947)

3/4/14

eres

agua orillada bajo el párpado 
con su rumor de humores 
soñando la mejilla 

eres un miedo tan oscuro que encandila

23/3/14

lo inédito

¿Acaso no es así
con su lenguaje de mudo
que lo inédito es arrastrado por el aire?

Las hojas están amarilleando
realmente
están amarilleando
pero en su fuero interno saben
que también participan
del eterno fluir

Ni una sola palabra se perderá