20/10/14

el llanto más seco

la veo en ese tejado ventana piso a punto de vaciar sus sentidos
una piel que toda se abre para salir de sí  

se quiebra otra lágrima 

17/10/14

una serie de TV

ahora es escribir la memoria sin ahogarme Nadar en este caldo de brujas
La única feliz que conozco es Hechizada. 
Tal vez el amor por Darrin la protege de la soberbia de la inmortalidad
y de la envidia de sus hermanas Erinias 

No encuentro a Samantha dentro de mí sino a Endora 
Y entre sus piernas

la duda

16/9/14

dejar el culo atrás

una niña vestida de extraña pegándole un susto de pesadilla a mi intimidad
un sauce llorón canoso gestando la primavera 
el temor -a una madrugada-
confiado a la corriente de un río 

tres imágenes preceden a una voz por fin de acuerdo
lo que me lleva a sentir que existe dios, así en minúsculas, para cositas pequeñitas como el yo 

de esto se trata también escribir, de aligerar la carga, 
lo suficiente para levantarse
y dejar el culo atrás 

porque más allá de la mordida original y de sus autores, 
somos responsables de lo que quedó del árbol 

si no volvemos a pecar, igual se pudre
si lo mordemos indiscriminadamente pecamos de extinción

como que toca seguir escribiendo
la misma semilla

8/8/14

estreno

me sujetó esta roca de tablas -El Sol Subterráneo-
emergida de la corriente
descansé por un rato

para seguirme negociando
luego
entre orillas opuestas 

la frase, rehacer la vida, es agua viciada 

es un montón de cielo
y de infierno sin tierra entre los dos
como si la tierra fuera esa mujer por la que ambos se pelean 
y todavía no tocan

un mundo sin tierra
donde se pasa del cielo al infierno con la rapidez del rayo
y se regresa del infierno al cielo
como de rebote   en un sueño de papel

21/7/14

me gustaría

abrazar la deformación de las nubes
con esa liviandad 
de quien se entrega a un gris 
que no invita a salir 
pero tampoco a quedarse

13/6/14

Encarnación

Yo soy Encarnación -la de cabelleras Erinias-

I

detesto al peine y a mi madre
conspiran contra los nudos
no advierten la diversión
de dejarse enredar por las manos del viento
son las nuevas modas de señorita, me dice, en su gesto fallido
por plancharme el monte
con perfume fuereño
con nariz respingá

una peluca de musiua
calentándome la calva
sobre ésta
un epitafio:
por cada pelo caído
otro
por barrer con palo de guayacán y yerbas de Tisífone



II

ojos de pejesapo

en el aullido del tren
en el cadáver de la fruta sobre la silla de ruedas
en la infancia trastocada por un Sol subterráneo

cuánto polvo de picapica en la memoria

y aunque la maestra no nos haya dictado estos versos
todas terminamos escribiéndolos



III


Encarnación redime el horizonte
de pájaros que no alcanzo
y tiburones que no dejan regresar los pies
hacia la propia orilla

5/5/14

teatro

nada soy de los personajes exactos, como nadie es un traje exacto del centímetro, pero me identifico menos con Encarnación. Más allá de que ésta se dedique a las labores del hogar, a la crianza de los hijos y a apoyar a su marido en la lucha de clases laboral, el temperamento desprendido, sencillo y seguro de Encarnación en nada se parece al recorrido frustrado de mi sangre. Tampoco me identifico con la tullida ya que la mudez de sus pies no corresponde al verbo de esos pasos que la llevaron a un enfrentamiento fatal y materialmente desnivelado: pólvora sobre palabras.
Con el único que encuentro un parecido intenso, a pesar de disfrazarme de lo contrario, es con el de la maestra; no por lo pedagócico, sino por vivir en el temor de no romper la regla y de respirar un poco menos para permitir a los directores asfixiarme un poco más. Sin embargo, a diferencia de su hermana, la tullida, la maestra, tal vez a su pesar, conservó la vida hasta el final de la obra.

Y cómo me cuesta aceptar que lo más importante de esta oportunidad, son los Elementos;
con su gramática de verbos, incluido "descansar"
donde tomar agua y salitre es un oasis del paso
para seguir recorriendo rostros elementales
de un giro indetenible.

En un mundo de sordos con lenguas largas y espejos rotos
es difícil encontrar algo más que cuchillos con dientes de perro
regados por el suelo
¿Recoger y sembrar los vidrios, como aquélla, la tullida, para una primavera de copas?
¿Dejar de beber en totuma?
Aunque no sé por qué teníamos que beber en otro vaso 
si en ella bastaba 
para colgar 
la sed

de no haber tenido ensayo me hubiera quedado en casa,
por suerte tuve
y se convirtió en una voz resuelta
a decir los sentidos